18 julio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Martes, 18 de julio de 2017

Un año más en el Petit Format. Me encuentro con Jordi P y hacemos un par de cervezas mientras escuchamos a Hibernales y a Alberto Montero. Tras la música nos acercamos al Su Ca Pa para cenar. Han cambiado la fórmula desde la última vez que vine y la nueva no me gusta tanto. Empiezo a estar harto de tanto compartir. Por suerte, todo está muy bueno pero algunos problemas con las bebidas (tras la primera cerveza nos dicen que no tienen más de la que hemos pedido y tenemos que seguir con quintos de otra marca. Quintos en un restaurante… en fin). La noche, con los habituales paseos y discusiones, nos llevará al Depo, al Oncle Jack y al Genesis. Al salir no encontramos taxi. Con la mente ralentizada por el consumo generoso de cerveza y bourbon, no se nos ocurre utilizar el teléfono para pedir uno. Caminamos.

Hace años – muchos y seguramente antes de iniciar estas crónicas – hicimos varias cenas veraniegas en casa de Mario. Recordando esas cenas y también otras en el Ugarit, nos reunimos todos en el pequeño Ugarit de la calle Bruniquer. Comida familiar y de amigos. Recuerdos y alguna nueva historia. Me gusta recuperar tanto la compañía como el local.

Que largo es este mes de julio.

11 julio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Lunes, 11 de julio de 2017

Hoy, este blog cumple 14 años y, aunque importante, no es el único acontecimiento trascendente que ha sucedido hoy. Tras mucho tiempo de ausencia, ha vuelto “el que grita”. Quizá a menos volumen que otros años – la edad no perdona – su grito ha vuelto a romper la noche y, quizá para compensar ese vacío que su falta de actividad nos provoca , hoy nos ha regalado un segundo grito de igual o mayor intensidad que ha provocado grandes sonrisas y una gran sensación de plenitud.

Y los últimos días… pues lo de siempre. Trabajo, calor, comidas con familia y amigos (la tradicional barbacoa – que ya no lo es – en casa de Kris y Tony, un buen rato en el CentOnze con María José y mi madre), lectura, paseos cortos con Cass...Las vacaciones están cerca… pero el camino es arduo.

07 julio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Viernes, 7 de julio de 2017

7 de julio. Cuando acababa el primer encierro, solía llamarle para felicitarle por su cumpleaños. Lo hacía y comentábamos el encierro y los planes que tenía para el día. Hoy no he podido hacerlo. Y lo he echado mucho de menos.


Miércoles. Me encuentro con Toni y con Roger en su barrio. El Quimet está cerrado y acabamos en La Bodegueta. Alrededor de un barril que nos sirve de mesa surgen viejas historias – alguna también nueva, que no sólo de nostalgia vivimos – y la misma complicidad que tejimos trabajando juntos. Es agradable recuperar estos momentos. Rematamos con “la que sobra” en el Samba Brasil. Llevado por la nostalgia me pido una caipirinha. La nostalgia suele ser traicionera.

02 julio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Domingo, 2 de julio de 2017

Hace muchos años leí “A peu por l’Alt Maestrat” de Josep M. Espinàs. Me gustó mucho y poco después tuve la oportunidad de caminar una de las etapas de ese viaje. No he vuelto a leer ninguno de los libros de viaje de Josep M. Espinàs hasta ahora que me encontré con el “A peu per Castella” en las manos y no me pude resisitir. Durante los últimos días he acompañado al escritor por tierras de Soria mientras despertaba en mí la inquietud por hacer un viaje caminando y la nostalgia de unas tierras que nos acogieron – también hace muchos años – durante un par de veranos. Fueron pocos días pero intensos y guardo un sensacional recuerdo.

También he leído el “Vida en otro planeta” de Will Eisner y algunos cómics más de la serie Blueberry (la serie del oro de los confederados, quizá la cumbre narrativa de la saga).

Viernes. A la hora de comer, me encuentro con María José en el Bardeni (Valencia, 452. Barcelona). El Spin off del Caldeni parece que funciona mejor que el original y se ha acabado comiendo al restaurante original. Llego primero y espero con un plato de cecina y con una cerveza bien fría. Sardinas marinadas, Tataki de atún , Canelón de rabo de buey, Fricandó y Vaca charoláis. Todo delicioso. Servicio amable y, aunque salimos a 40 por persona, la relación calidad precio es muy correcta.

Sábado. Pablo y Elena organizan una reunión familiar en su casa. Entre adultos y niños somos 17. La cocina de Elena siempre es deliciosa. Un surtido de entrantes de lujo, huevos escalfados a baja temperatura, fricandó, pato con peras y tartas caseras de queso y chocolate…


Y sin dejar la gastronomía que ha marcado este fin de semana, hemos empezado a ver Samurai Gourmet, una serie japonesa deliciosa.

26 junio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Domingo, 25 de junio de 2017

Y tras la verbena – como cada año en Graceland y con amigos –, fin de semana de extrema pereza y pocas ganas de salir (algún paseo corto con Cass y poco más). Películas, juegos, siestas… y un constipado en plena ola de calor.

He leído el “Cabaret Pompeya” de Andreu Martín. Fines de semana de festivales y trabajo han hecho que la lectura se haya prolongado más de lo habitual. “Cabaret Pompeya” es una novela negra que, sin querer ser histórica, ambienta perfectamente la Barcelona de la república, de la Guerra Civil y de los primeros y últimos años del franquismo. Andreu Martín tira de oficio para fabricar una de esas novelas corales que reflejan una sociedad y su evolución. Una gran novela sobre Barcelona. Una más.

Hay veces que lees algo que hace tiempo que quieres escribir. Cuando pasa, tienes dos opciones: escribes tu propia versión o compartes el texto que cuenta más o menos lo mismo que quieres contar y que – como es el caso  - está firmado por alguien que escribe mejor que tú.

Gaudí te odia
Carlos Zanon

Ultimamente no soportamos a nadie. Ahora resulta que alguien ha reparado en que los turistas no son viajeros. Y en que molestan. Y en que sobran. Como si turistas y viajeros no hubieran molestado y hubieran sobrado siempre. Me temo que los despreciamos para no quedarnos fuera de onda. Tenemos tantas maneras de decir lo que pensamos, que tratamos de pensar todos lo mismo no sea que nos llamen la atención. Decir que no te molesta el turismo por la Rambla es como decir que te gusta el cine de Almodóvar. Pudo estar bien, pero ya no. Soplan brisas de añoranza de un mundo adánico donde Peret cantaría a Víctor Jara y en las mercerías se seguirían vendiendo botones y cremalleras.

Quizá no nos guste que exista el turismo como ocio. O no aguantamos a nadie que no esté a nuestra altura. De todos es sabido que los barceloneses cuando viajamos nunca hacemos turismo. Ni buscamos hoteles baratos, comer de cualquier manera y entrar en manada en cualquier ruina, comercio o bar siempre y cuando no se cobre entrada. Los barceloneses somos viajeros indómitos al tiempo que educados, de nivel económico alto sin que se note y compramos libros en Shakespeare & Co. y bailamos milongas en la Catedral del Tango. Una vez corrió la leyenda urbana de que un barcelonés había bostezado en el Museo Británico y que otro repartió bolígrafos a niños en Zambia, pero resultó que el primero era de Sabadell y el segundo lo que repartió fueron poemas de Joan Salvat-Papasseit. El barcelonés sólo se permite ser turista, almogávar y colonial, cuando viaja a las Baleares pero yo estuve en Eivissa de adolescente y he de callar.

El turista no es culpable de nada. Quizás de su atuendo y sus chanclas, su querencia a una gastronomía autodestructiva, el ansia de sol sin protector y de alcohol sin vesícula biliar. Ves atravesar entes tipo cigüeña, disimulando –sin conseguirlo– su pinta de guiri, bajo dianas y balas, pintadas que los envían a casa o les dicen que Gaudí los odia. ¿Qué puede haber más cruel que irte a la cama pensando que Gaudí te odia? Nada. Quizás debamos replantearnos cómo asimila el turismo una ciudad –ejem, perdón– de pequeñas dimensiones como la nuestra. Un rollo tipo Contrabandistas de Moonfleet creo que funcionaría a la perfección en Barcelona. El plan sería que, a eso de las tres de la mañana, serían desembarcados los turistas, en botes de remos, en la playa del Bogatell. Dejarían todo su dinero a músicos callejeros y empleados de CaixaBank a la espera de sucursal. Los turistas serían gente de posibles, nunca millonarios porque un turista millonario es, simple y llanamente, despreciable. Mediante túneles bajo tierra los guiaríamos antes de amanecer a visitar el parque de la Oreneta, ópticas de Via Júlia y curvas de Can Caralleu. Un grupo de cada veinte podría ver salir el sol desde el Park Güell, y por sorteo, tocaría desayuno en el Glaciar. Después, túnel, bote y a las nueve en el barco otra vez, escondidos hasta la noche. Los que viniesen en avión podrían coger metro hasta Bogatell, claro.

22 junio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Jueves, 22 de junio de 2017

Martes. Día horrible de trabajo. Empalmo reunión tras reunión - non stop y corriendo de una a otra - de 10 a 9:30 -. Llego tarde a la cena con Albert, Esther, Marta, JuanMa y María José, pero gracias a ellos recupero las fuerzas perdidas.

Mariona me dijo que ya lo había visto... pero hasta hoy no puedo decir oficialmente que ya es verano. Aquí tenéis la tradicional pastilla de Fogo del vecino guarrete.





19 junio 2017

DIARIO DE UN OCIOSO
Sábado, 17 de junio de 2017
Sónar, día 3

Tras una mañana de perezas – yo – y de mucho dormir – Alejandro – nos acercamos, de nuevo pronto, al recinto del Sónar. Antes de entrar visitamos el Pabellón Mies Van der Rohe para ver – sobretodo escuchar y sentir - la instalación de Mark Bain. El artista capta con sensores sísmicos las microvibraciones que recorren los materiales con los que está hecho el Pabellón. Estas vibraciones son amplificadas – mucho – y reproducidas por un sistema de altavoces. Esto también es Sónar y es una de las cosas que lo convierten en un festival único en el mundo.

Las primeras horas siempre son tranquilas. Primera cerveza con Jordi P, comida en el Village, algún vistazo a los escenarios que ya están funcionando… Un poco de Animic, una pizca de Joe Goddard… y, en una actuación que prometía más de lo que nos ofrece, vemos a Oblique con Carlos Bayona. Su sonido ochentero no nos aporta demasiado y, tras unos cuantos temas, nos vamos a ver a Gaika. Pese a que abusa del autotune, su actuación es contundente. Dancehall y hip hop de alto voltaje con un sonido crudo e industrial. Pese a que se pueden encontrar paralelismos por los parámetros musicales en los que se mueven, Gaika está a años luz de la actuación de CTangana (a la que me arrastra Alejandro, demasiado tarde descubro que es uno de los Agorazein que ya sufrí en el Primavera Sound de este año  ). En Gaika todo es profesionalidad, preparación y talento, en CTangana  es vacío. Debo decir que entre el numeroso público, soy el único que lo ve así y el resto de la gente se lo pasa en grande.

Tras él tenemos una cita en la zona de realidad virtual donde me convierto en un dinosaurio, en un gorila, en un mono con cartera, en un dragón… y disfruto como un enano en un entorno virtual.


Queda ya poca energía. Fantástica actuación de Sohn para quemar las últimas reservas y vuelta a casa. Estoy agotado y, tras cenar, me retiro a dormir. Evidentemente, tampoco hoy habrá Sónar noche.