09 mayo 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Viernes, 09 de mayo de 2008


Por fin es viernes, y no un viernes cualquiera. Ante nuestros ojos se extienden tres largos - y, según las previsiones meteorológicas, pasados por agua – días de fiesta.
Sin actividades lúdicas previstas, con lluvia torrencial y cansancio acumulado, se prevé un fin de semana poco movido.

DISCOS VIEJOS que hace tiempo escuché (XIII)

JOHN LURIE. Down by law
TOM WAITS. Rain Dogs

John Lurie. Down by law
Hoy, en esta prescindible (como todas) sección, me gustaría contar mi personal historia con estos dos discos.
1986, voy al Casablanca para ver “Down By Law” (creo recordar que por ahí andaba Víctor, que entonces todavía no se llamaba mansblaves, pero no podría asegurarlo). En ese momento era la película que HABÍA que ver y la disfruto mucho. Pero sobretodo me impacta su banda sonora, hecha por dos de los músicos – en ese momento desconocidos para mí – que protagonizan la película de Jim Jarmush.
Al día siguiente – o poco después – me acerco a la tienda de discos del barrio y me compro el disco de la banda sonora (980 pesetas, para mí – en ese momento – todo un capital). Cuando llego a casa pongo el disco en el tocadiscos y lo escucho mientras miro la portada (antes lo hacíamos). El disco de John Lurie me gusta mucho (paisajes tortuosos, música de club lleno de humo, sabor a vida peligrosa...) pero con el final llega la decepción. Uno de los temas que más me gustó (creo que el de los créditos del inicio, después descubriré que se llama “Jockey Full of Bourbon”) no está por ninguna parte.
Me voy a una tienda de discos, esta vez del centro (que siempre saben más de música) y pregunto encontrándome con caras de indiferencia y de perplejidad... al final, tras varias consultas, un amable dependiente (entenderéis que pese a lo agradecido tom waits. rain dogs
que le estuve en su momento, no recuerde nada de él) me dirige hacia el “Rain Dogs” de Tom Waits (en esta ocasión el disco no tiene la etiqueta con el precio pero su adquisición debió dejar mi presupuesto bajo mínimos). En el disco no sólo me encuentro con los dos temas que más me gustaron de la película (a parte del ya comentado “Jockey...” también está “Tango till they’re sore”), también descubro un universo creativo que me acompaña desde entonces y que me ha llenado de satisfacciones. “Rain Dogs” es uno de mis discos favoritos pero, sobretodo, es mi introducción en el mágico mundo de Tom Waits, un mundo lleno de gratas sorpresas y que sigue deparándome grandes momentos.


Lisabo
Pero como no sólo de discos viejos puede alimentarse el intelecto (aunque lo parezca, esto no va por ti, amigo Pablo), sigo buscando cosas que llevarme a las orejas. El descubrimiento – algo tardío – de esta semana es el “Ezlekuak” de Lisabö, un disco poderoso que acompaña mis paseos por la ciudad.

07 mayo 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Martes, 06 de mayo de 2008


Douglas Preston y Lincoln Child. El libro de los muertos
Atrapado por “El libro de los Muertos”, tercera entrega de la trilogía protagonizada por Aloysius Pendergast, aprovecho cualquier momento para sumergirme en su lectura. Y es que hay pocas cosas tan absorbentes como un buen best seller, y los de Douglas Preston y Lincoln Child son lo más adictivo en su género.
Acabo con la satisfacción de haber obtenido lo que había ido a buscar, entretenimiento puro y duro.
Mientras tanto, la guerra contra los ordenadores que se han instalado en las profundidades de Graceland continúa. He ganado alguna batalla, pero el resultado global de la guerra sigue siendo desfavorable a las fuerzas del bien.

06 mayo 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Domingo, 04 de mayo de 2008


Sábado. María José se encarga de todo mientras yo me quedo leyendo en la cama (he empezado un Preston – Child y eso suele ser muy adictivo), es un preludio de lo que el día me depara: actividad de baja intensidad, descanso y ocio casero.
Por la noche desistimos de ir al cine (esa extraña sala en la que la gente se encierra a oscuras para ver películas que podrían ver en su casa con mucha menos calidad) y nos acercamos al video-club para hacernos con una película.La torre de Suso
Sin demasiadas dudas (cosa del todo inhabitual) elegimos “La torre de Suso”, una buena película que nos hace pasar una buena noche de sábado al viejo estilo (cena en casa y película en la tele).

Domingo. Hay que compensar la total falta de actividad de ayer con un poco de movimiento. Me levanto pronto y, con Cass, salgo a buscar el periódico. Desayunamos en el patio pese a que todavía hace un poco de frío y leemos el periódico, la sensación de vacaciones es total.
Nos pasamos por casa de mis padres donde, a parte de felicitar a mi madre y devolver la cazuela que cogimos prestada el otro día, conseguimos el habitual lote de productos alimentarios (en esta ocasión consistente en varias mermeladas caseras).
Visita al CaixaForum donde, en la sala Montcada vemos la divertida instalación de Jonathan Meese.
La exposición “Príncipes etruscos, entre oriente y occidente”, pese a estar montada tan bien como suelen estarlo todas las organizadas en el CaixaForum, me resulta poco interesante. La acumulación de objetos cotidianos de diversos usos (pese a las buenas explicaciones que todas las vitrinas incluyen) me parece parte de una museografía caduca. Echo de menos otro tipo de materiales museísticos que aportarían información complementaria a la exposición.

Vuelta a casa, aperitivo en el patio, comida y siesta.

La Fura dels Baus. Boris Godunov
Por la tarde vamos al TNC para ver Boris Godunov, la nueva obra de La Fura dels Baus. El punto de partida, el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú en el año 2002 por un grupo terrorista, parece hecho a medida para un grupo como La Fura. Por desgracia, y contra todo pronóstico, La Fura fracasa totalmente y su “Boris Godunov” es un espectáculo fallido.
Hay muchas razones que hacen que este “Boris Godunov” no convenza a nadie: un reparto poco acertado, un uso poco razonado de la tecnología y las posibilidades del nacional, un texto flojo y sin sorpresas, la no identificación entre víctimas del secuestro y espectadores (una cosa que parecía al alcance de una Fura con un poco más de inspiración)... Pero sobretodo la obra fracasa por falta de orientación. La acumulación de elementos diversos (el “Boris Godunov” que se está interpretando en el teatro, la acción terrorista, las reacciones que esta provoca en el exterior, las pequeñas historias de los protagonistas) rompe el ambiente opresivo que la obra requería y distrae la atención del espectador que en ningún momento entra en la historia.
Hay un momento de la obra en el que el jefe del comando terrorista dice que van a liberar a parte del público retenido... te dan ganas de levantar la mano y ofrecerte voluntario para abandonar la aburrida retención a la que estás sometido. Una lástima, no vale la pena perder el tiempo (100 minutos seguidos) en una obra cuyo planteamiento es muchísimo más atractivo que su representación.

De nuevo en casa acabamos la quinta temporada de “Alias” (la última). Pese a ser una serie de bajo presupuesto, he disfrutado mucho con ella y, como siempre, recomiendo verla desde la primera temporada y en orden.

03 mayo 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Sábado, 03 de mayo de 2008


La semana, empujada por un jueves festivo, ha pasado rápido. Un día festivo en medio de la semana se agradece y en nuestro caso lo utilizamos para inaugurar oficialmente la foto de Jordi P.
Una agradable comida en el patio de Graceland (tenía que ser un aperitivo pero estas cosas suelen complicarse) con Jordi, Emma, Jesús y Natalia sirve como banquete inaugural.
Volver al trabajo el viernes no es tarea fácil. Y es por esa razón por la que – tras una dura jornada – necesito recuperarme. María José me recoge en Levi Pants y me lleva al Marc’s donde un Kamasutra y medio Blanc i Negre me compensan de los sinsabores de la jornada.
Otras cosas dignas de mención:
Ya tenemos fecha para la boda. Ahora falta decidir algunos detalles y hacer el anuncio público.
Hemos visto la – flojísima y tremendamente sobrevalorada – “El Orfanato”.
Para recuperarme de la lectura – decepcionante – del último libro de Peter Berling he leído dos pequeños – grandes libros: El Asombroso viaje de Pomponio Flato y Una lectora nada común.

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO
Eduardo Mendoza


Eduardo Mendoza. El asombroso viaje de pomponio flato
Lo primero que se te ocurre mientras disfrutas del último libro de Eduardo Mendoza es que el escritor se ha divertido escribiéndolo. Y esta sensación de pillería literaria se transmite en cada una de las páginas y el lector se lo pasa igual de bien que el escritor.
“El asombroso viaje de Pomponio Flato” es una novela corta, a caballo entre muchos géneros a los que se enfrenta con humor e ironía, que se lee de un tirón.
Hacía tiempo que una novela no me provocaba solitarias carcajadas en el metro – y no es la primera vez que el autor lo consigue –.
Escrito como una carta del protagonista a un amigo, la novela narra las andanzas de Pomponio Flato por la Galilea del Siglo I. Jugando con algunos de los tópicos de la novela histórica, Mendoza traza una trama detectivesca que podría tener como protagonista al “detective” de “El misterio de la cripta embrujada”. Tiene momentos brillantes y – aunque no pasará a la historia de la literatura – seguramente se convertirá en un Long Seller (no se si el término existe, pero seguro que se entiende). Entretenido y divertido.

UNA LECTORA NADA COMÚN
Alan Bennett


Alan Bennett. Una lectora nada común
El otro libro que me ha ocupado durante esta semana es una pequeña novela de Alan Bennett que encantará a todos aquellos que tenéis pasión por la lectura, a aquellos que algún día habéis caminado por la calle con la nariz metida en un libro, a aquellos que os habéis escondido para poder acabar las últimas páginas de una novela, a los que disfrutáis paseando por una librería o biblioteca, a los que os gustaría tener más tiempo para leer...
“Una lectora nada común” parte de la idea de que la Reina de Inglaterra descubre y queda prendada de la lectura. Esto, lejos de ser edificante para los que la rodean, provoca una serie de situaciones incómodas en las que muchos de los lectores verán reflejadas situaciones por ellos vividas.
“Una lectora nada común” es una delicioso relato ácido sobre la lectura y sus consecuencias que se lee en pocas horas, disfrutando cada minuto de ellas y que te deja con una sensacional sonrisa en la cara.
IMPRESCINDIBLE

01 mayo 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Miércoles, 30 de abril de 2008


La infancia suele ser una caja que, guardada en un trastero y más o menos llena de polvo, siempre es grato abrir. Quizás es que, aunque no exenta de conflictos y preocupaciones, nuestra infancia es un periodo dorado en el que todo parecía más fácil. Algunos de mis mejores amigos – ahora, después de tantos años, parte de la familia aunque no nos unan lazos de parentesco - entraron en mi vida pronto y siempre hemos conservado el contacto. Pero, curiosamente, mi alejamiento de los cerca de 50 individuos con los que compartí 11 años de clases y juegos, ha sido – en los últimos 20 años y salvo alguna excepción – total.
El martes volví a abrir la caja de la infancia al reencontrarme con Luís, uno de esos 50 individuos de los que me separan más de 20 años. Luís, como yo, está a punto de cumplir 40 años pero en su sonrisa y en sus ojos soy todavía capaz de reconocer a ese niño con el que compartí parte de mi infancia.
Es imposible hablar de todo lo que ha pasado durante estos años, de los diferentes caminos que hemos tomado, de las decisiones erróneas y de los aciertos que hemos ido cosechando... pero ambos intentamos hacer un resumen para cubrir las enormes lagunas que el tiempo y la separación han dejado en el conocimiento que tenemos del otro.
Hay, quizás por falta de tiempo, poco tiempo para la nostalgia, pero pese a todo recordamos alguna tarde de juegos y a alguno de los compañeros de los que nada sabemos.
Me ha gustado volver a recuperar el contacto con Luís y espero que esto no se quede aquí y sigamos viéndonos de tanto en tanto. Y es que, aunque el tiempo nos obligue a cerrar cajas, nunca es conveniente utilizar mucho precinto.

Daniel Clowes. Lloyd Llevellyn
Durante la última semana, a parte de trabajar, he tenido tiempo de leer el último Peter Berling – tiempo perdido – y de disfrutar de Lloyd Llevellyn de Daniel Clowes. Los discos por escuchar y los suplementos de periódicos pendientes de revisar se siguen acumulando sobre mi mesa que amenaza con hundirse.

A LA SOMBRA DE LAS DAGAS, EL PARAISO
Peter Berling


Peter Berling. A la sombra de las dagas, El paraiso¿Se ha olvidado el bueno de Peter Berling de escribir? Después de pasar, con más pena que gloria, por las páginas de lo que parece la primera entrega de una nueva saga, esto es lo primero que pensé. “A la sombra de las dagas” parece un esbozo, la preparación para una novela hecha por Peter Berling y rematada por alguien sin su oficio. Personajes vacíos, lagunas temporales, explicaciones difusas... en fin un libro en el que no vale la pena invertir ni el dinero que cuesta ni el tiempo que requiere su lectura.

28 abril 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Sábado, 26 de abril de 2008


Viernes noche. Los astros, que durante la jornada han sido más bien esquivos, se alinean favorablemente y la buena fortuna se reencarna en Paco que pone en mis manos una de las codiciadas entradas que dan acceso al concierto de Nick Cave en Badalona.
Así que, frotándome los ojos y pellizcándome, recorro el camino que separa Levi Pants del Pavelló Olímpic de Badalona dispuesto a disfrutar de uno de los conciertos del año (al que había renunciado por motivos económicos).
Llego al Pabellón y nada más entrar, mientras todavía estoy intentando localizar mi sitio me encuentran Jesús y Natalia (a los que no veía desde el día de su boda). Poco después nos encontramos también con Jordi R... la frase de Jesús no puede resumir mejor el momento: “Els mateixes rates... els mateixos forats” (las mismas ratas, los mismos agujeros).
Aparecen en el escenario primero los Bad Seeds como una banda de tahúres salidos de una mala noche y, tras ellos, Nick Cave como el peor de todos ellos. Y, desde el primer tema, desprenden energía enfermiza que se propaga por todo el pabellón ofreciendo uno de los conciertos del año. Nick Cave en directo – es la primera vez que tengo la suerte de verlo – es una auténtica bomba. En algunos temas se convierte en un predicador loco, en otros se contagia del ritmo infernal marcado por su banda (Warren Ellis es de lo mejor que he visto últimamente), pero siempre domina la escena con su voz y su presencia. Su nuevo disco “Dig, Lazarus, dig” es fabuloso y su reinterpretación en directo es lo mejor de una noche donde no faltaron tampoco los clásicos de la banda. Se echo de menos quizás ese Cave más íntimo y sus baladas enfermas que sólo asomaron en una versión de cara a la galería de “Into my arms” (que a mí me gustó mucho).
Salgo del concierto muy contento pero realmente cansado. Por suerte María José ha decidido venirme a buscar y volvemos a casa mientras me como el fabuloso bocadillo de salchichas que me ha traído.

Sábado. Por la mañana sigo escuchando a Nick Cave (el “Abattoir Blues”) mientras trabajo con el ordenador. También suenan Rufus Wainwright (haciendo de Judy Garlan) y el sampler de Houston Party Records que acompaña al RockdeLux de este mes (con temas de, entre otros, South San Gabriel, Micah P Hinson, Ezz Barzelay, Centro – Matic, RuizPantaleón...).
A mediodía vienen Olivia, Roberto y Martina para celebrar el cumpleaños de María José (nunca es tarde si la dicha es buena). La temperatura es genial e inauguramos la temporada de verano con la primera comida en el patio de Graceland.
Siesta para recuperar fuerzas y cena en el Attic con Iola, David, Jordi P., Emma, Víctor y Laura. El resultado, en ciertos aspectos muy decepcionante, del restaurante inaugura una sección nueva: Restaurantes Aberrantes.

Salimos del restaurante muy tarde. Tiempo justo para hacer una cerveza en el Glaciar (recordando viejos tiempos) antes de retirarnos.

RESTAURANTES ABERRANTES (1)
Restaurant ATTIC (Rambles, 120)


Inaugura esta sección dedicada a las malas experiencias en el sector de la restauración nuestra cena en el Restaurant Attic, situado en la Rambla, en el local del que habían sido los Almacenes Sepu. Quiero destacar las cosas que no me gustaron y, sobretodo las que me indignaron, para denunciar las malas prácticas que – cada vez más – se cometen en los restaurantes de nuestra ciudad.
El restaurante es muy bonito, tiene mesas con espectaculares vistas a la Rambla y una decoración moderna que le da un aire muy cosmopolita. Hasta aquí, todo bien. Llegamos y una amable recepcionista nos hace subir por las escaleras hasta la recepción donde reina el caos. Pedimos por nuestra mesa reservada – nuestros compañeros de mesa ya han llegado – y nos dicen – riéndose – que no saben dónde están y empiezan una búsqueda por las mesas ya ocupadas preguntando el nombre para averiguar dónde están. El caos, pese a los medios que tienen (mucha gente con pinganillos en las orejas), nos sorprende.
Nos sentamos a la mesa – ya completa - a las 10:40 (la hora del segundo turno, lo que indica que los del primer turno se han visto obligados a comer en hora y media) y los primeros no aparecen hasta una hora después. Los 7 platos llegan a la vez, por desgracia somos 8. Se han dejado uno que hay que reclamar ya que ellos no se han dado cuenta de que sólo servían a 7 de las 8 personas de la mesa. (En mi caso un surtido de verduras a la brasa que roza el aprobado).
Comer debería ser una cosa armónica y la espera entre platos debe ser mínima. En algunos locales lo consiguen, no es el caso del Attic. Entre la aparición de los primeros y la de los segundos pasa más de media hora. Pasan de las 12:00 cuando nos traen los segundos, llevamos hora y media en el local (mi steak tartar con patatas fritas es correcto pese a que las patatas que lo acompañan están algo blandas).
Nuevas largas esperas para postres (lo mejor de la noche es El Negre (un coulant con helado de chocolate) que me como de postre) y cafés.
Dada la hora no hacemos sobremesa, pagamos (26’5 por persona, en principio correcto por lo que hemos comido-bebido, dejando al margen el caos y las esperas) y salimos (pasa de la 1:30, tres horas después de nuestra entrada).

Al revisar la cuenta en casa vienen las sorpresas. Algunas positivas (se han olvidado de cobrar una de las botellas de vino, una de las aguas y todas las cervezas, lo que hubiera elevado la cuenta a límites vergonzantes) y otras indignantes:
1.Nos cobran el pan. Que no hemos pedido (cuando estábamos tomando los segundos ha aparecido un camarero que nos ha ido sirviendo pan mientras te preguntaba si querías o no) y que ha consistido en media rebanada (si, si... media – por suerte cortada con cuchillo y sin marcas de dientes ajenos) por persona. El pan era flojo, algo gomoso y MUY CARO. Cada media rebanada tiene un coste en el Attic de 2 euros (333 pesetas de las de antes, a veces conviene recordarlo).
2. Los carajillos de baileys tienen un coste – unitario – de 3’80 euros. Es decir, tomarse un carajillo, en el vaso de carajillo de toda la vida, cuesta 632 pesetas (más iva). Para pensárselo.

No se puede cobrar eso por el pan y menos cuando lo que sirves es de menos nivel que lo que te regalan en el bar de menús de toda la vida. Es este tipo de actitudes lo que provocan la indignación del comensal que se siente indefenso ante estos abusos. Por poco que pueda no volveré al Attic.

25 abril 2008

DIARIO DE UN OCIOSO
Viernes, 25 de abril de 2008


El viernes, aunque no tenga demasiadas cosas que contar, me gusta escribir. Intento transmitir en estas breves líneas el alborozo que provoca la cercanía de la libertad tras cinco días de abnegada entrega a la causa del capitalismo. Encerrarse a trabajar, mientras fuera, en las calles, la primavera brilla con fuerza y las temperaturas suben, es una misión cada vez más ardua. Hoy lo haré una vez más... pero por última vez esta semana.

Ayer conseguí hacer un hueco en mi rutina y me escapé a la Escola de la Dona para ver el primer cuadro de María José colgado en una exposición. No es el primer cuadro de María José que veo expuesto – sobre mi cabeza tengo uno que hizo para mí –, pero hace ilusión verlo en una exposición pública.

Después, y dando un paseo por nuestro viejo barrio, entre en el colmado a comprar fideos e hice un pequeño descubrimiento. Lindt ha hecho un chocolate negro con chili. No pudiéndome resistir he comprado la que – si me gusta – será la primera de muchas.

Escribo rodeado de caos. A los dos ordenadores destripados que se desparraman por encima de mi mesa se han sumado los últimos días un montón de papeles de distintos tamaños y procedencias, una torre de revistas que esperan mi atención, cedes por escuchar y otros extraños objetos a los que no soy capaz de asignar un uso a corto plazo. Las profundidades de Graceland se asemejan cada vez más a una cueva.