DIARIO DE UN OCIOSO
Viernes, 11 de diciembre de 2015
Suena el despertador. Ponemos el piloto automático. El avión
despega a las 7. Dormimos. Despierto poco antes de aterrizar. Ponemos por
segunda vez el piloto automático. Llegamos a la estación de tren de Amsterdam.
Empiezan estas mini-vacaciones de aniversario.
Día gris. Cogemos el tranvía que nos acerca a nuestro hotel.
No tienen la habitación preparada (es muy pronto) así que damos un primer paseo
para empezar a conocer la ciudad y
paramos para recuperar fuerzas en The Old Bell antes de seguir con nuestro
paseo.
En el Van Gogh Museum disfrutamos de una sensacional
exposición: “Munch – Van Gogh”. Excelentemente bien montada, la muestra recorre
las trayectorias – muchas veces coincidentes – de los dos grandes artistas. Carreras
paralelas que se cruzan en el espacio, el tiempo e incluso en lo estilístico…
una de las mejores muestras que he visto.
En el Van Gogh Museum también descubrimos un proyecto muy
interesante: “When I give. I give myself”. El museu escogió 23 artistas
contemporáneos y les envió una de las cartas que Vicent Van Gogh escribió,
pidiéndoles que respondieran con una obra artística. El resultado son 23 piezas
que, repartidas entre la obra del pintor, dialogan con ella.
Vuelta al hotel. El The Amsterdam Canal Hotel (Weteringschans,
253. Amsterdam) es un pequeño hotel con tanto encanto como escaleras asesinas.
La habitación tiene una vista fantástica sobre un Canal y sobre una calle
tranquila. Cómoda y bien equipada. Estaremos bien. De momento descansamos un
poco, disfrutamos de la vista y recuperamos fuerzas.
Desde finales de noviembre hasta el 17 de enero se celebra
el Amsterdam Light Festival. Las calles y los canales de Amsterdam se llenan de
esculturas e intervenciones artísticas con la luz como protagonista y
vertebradas en torno a un tema central, este año la amistad. El Water Colors es
un tour guiado en barco, una de las dos maneras de disfrutar del festival (la
otra, que se llama iluminade, es un paseo).
La ciudad se ve distinta desde los canales. Las casas – todas diferentes
entre si – componen, no obstante, un conjunto perfecto… es una nueva
perspectiva de una ciudad que apenas empezamos a descubrir. La ruta va
siguiendo las diferentes propuestas artísticas y las explicaciones – sencillas pero
instructivas - se agradecen. A lo largo de hora y cuarto paseamos, descubrimos
y hacemos un montón de fotos. Hay propuestas impactantes, otras son divertidas,
espectaculares, sencillas, conceptuales… personalmente me quedo con “A tale of
two cities” de Vendel & De Wolf, con “Strangers in the light” de Ina Smits
& Victor Engbers, “Northern Lights” de Aleksandra Stratimirovic y “Talking
Heads” de Victor Vicsek. La experiencia es fantástica y ya justifica un viaje a
Amsterdam cada diciembre.
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Talking Heads |
Intentamos cenar en un palacio chino sobre el canal que
hemos visto pasando con el barco. Huele sensacional… pero no tienen mesa. Acabamos comiendo en el Eastwood (Oosterdoksstraat,
4. Amsterdam). Ambiente informal,
incluso divertido, mucha gente… y buena comida.
Aún es pronto pero el día ha sido extremadamente largo. Es
hora de irse a dormir. Cogemos nuestro tranvía (es el 4, lo hemos cogido muchas
veces en este largo día) y volvemos al hotel.
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