10 abril 2010

DIARIO DE UN OCIOSO
Sábado, 10 de abril de 2010


Hace un par de días veíamos, en un episodio de la segunda temporada de Mad Men, a Don (Jon Hamm) y Betty (January Jones) Draper en la sala de estar de su casa.
En el tocadiscos sonaba una canción que Betty bailaba cuando estaba en el instituto. Han pasado más de diez años, pero la canción sigue ahí, casi inmutable, mezclando cierta nostalgia con una cierta actualidad.
La escena me hizo pensar en la velocidad a la que consumimos bienes culturales actualmente, una velocidad que no tiene nada que ver con el ritmo que nos presenta la serie y que está muy lejos de la manera en la que los consumíamos hace sólo 10 años.

Antes un disco, un libro, una exposición e incluso una revista, tenían un tiempo de digestión largo. Desde que aparecían hasta que dejaban de ser “novedades” podían pasar años. Ahora el número de “inputs” que recibimos es brutal. Voy a centrarme en mí:

En mi mesa (es metafórico porque realmente están en la estantería debido a que no me puedo permitir reservarles un espacio en mi mesa) se acumulan un montón de libros que quiero leer. Actualmente hay 12 (14 si contamos los dos en inglés que también me esperan): Cheever, Casavella, Ford, McCarty, Welsh... pero estos son únicamente los que poseo. La lista de libros que quiero leer (existe) ocupa varias páginas (escritas con letra minúscula) de mi agenda.
Con la música ocurre otro tanto. Compro menos música que hace 10 años pero mi consumo se ha multiplicado por 100. Descargas, discos gratuitos insertos en revistas, myspaces, webs online que ofrecen música... no tengo tiempo para escucharlo todo y, a la vez, prestar atención a todo lo que me gusta – que por suerte o por desgracia, es mucho. Con los conciertos ocurre lo mismo. Antes íbamos incluso a conciertos de bandas que no nos volvían locos. Ahora es imposible atender a toda la oferta sólo escogiendo tus grupos favoritos.
En mi mesa se acumulan (esta vez no es metafórico) suplementos culturales llenos de nuevas pistas a los que dedicaré – o no – parte de mi tiempo, revistas que – con suerte – tendré tiempo de ojear y folletos de todo tipo que he cogido en algún bar de madrugada con la intención de dedicarles unos minutos (seguramente no lo haré e irán a la bolsa de reciclaje directamente).
No llego a todas las exposiciones (pese a que tengo tiempo), intento estar al día de los cómics que aparecen pero me es imposible, se me escapan obras de teatro que quería ver, no tengo tiempo para jugar a todos los juegos que me han regalado o he comprado en un exceso de confianza temporal y he renunciado al cine. El tiempo que le dedicaba ha sido ocupado por una pasión a las series (cuyas temporadas se acumulan en mi disco duro y en dvd’s que poco a poco van cogiendo polvo a la espera de que llegue su momento.

Y además está la red. Un mundo inacabable en el que sabes cuando entras pero donde vas a llegar y cuando vas a salir. Un universo inacabable.

No sé si es demasiada información. No sé si lo de antes era mejor o peor. Es lo que nos ha tocado vivir. Disfrutémoslo y, aunque yo lo haya hecho hoy, no nos agobiemos pensando que no llegamos a todo.

1 comentario:

El futuro bloguero dijo...

La oferta es ahora tremenda Xavi, pero lo bueno es que eligiendo lo que nos dejen las ganas, el tiempo y las obligacioens, hacemos muchas más cosas que antes, oímos más música, leemos más, vamos más a conciertos, etc.

Y a los que no llegamos, tenemos mil oportunidades de verlos en las mil y una TV's, blogs, youtubes, etc.

Como tú, intento digerirlo, disfrutarlo y no agobiarme.

Un abrazo para todos.