18 junio 2011

DIARIO DE UN OCIOSO
Sábado, 18 de junio de 2011

Semana corta pero muy intensa. Las fuerzas están justas pero ha sido muy gratificante. Vamos por partes.

Martes. Mi padre y mi tío han decidido comer en la Fonda España, cerca de mi trabajo. Me invitan a una cervecita y les acompaño en el aperitivo.
Más tarde, en la Boqueria, Bruno Colomer, responsable de enología de Codorníu, dirige una cata de cava a la que tengo la suerte de asistir. Aprendo mucho y lo paso bien mientras trabajo.
Estos últimos días he estado leyendo “Diario de una ama de casa desquiciada” de Sue Kaufman. Libros del Asteroide sigue con su labor de excavar en la historia de la literatura a la búsqueda de joyas no tan notorias como se merecen. La novela es el relato de una crisis contado con un finísimo sentido del humor, con un realismo hiriente y una destreza narrativa notable.

Miércoles. De nuevo en la Boquería. Esta vez, y dentro de la campaña gastronómica “La Rambla està per menjar-se-la” es el xef del Restaurante CentOnze, Eugeni Cortés, el que nos ofrece una clase de cocina en la que explica alguna de sus recetas. “Eye openers”, bombones de foie, mozzarella marinada, pesto napolitano, rodaballo con jengibre y verduritas... por motivos laborales no puedo quedarme hasta el final y me pierdo el postre... Instructivo, divertido, interesante... genial!
Por la noche, y después de muchos aplazamientos, nos reencontramos con Yoli y Rafa en la Tagliatella del barrio. Como siempre lo pasamos bien... pero es tarde y ceno demasiado... lo pagaré durante la noche y al día siguiente. Las fuerzas, ya mermadas, se reducen al mínimo.

Jueves. Hoy empieza el Sónar 2011. El primer día, a mediodía, no hay demasiada gente. Es cuando más me gusta. Toma de contacto con sensación de “Deja vu” pese a los cambios estructurales (pocos). Paseo, miro, río, pienso, veo la exposición “La Trieste de Magris” (espectacular), la exposición “Other Mirrors”, el arranque del concierto de “Toro y Moi” y, vestido con el uniforme de trabajo, huyo acosado por el calor. Mañana será otro día.
Una nueva clase de cocina, esta vez con helados, pone fin a mi jornada laboral.

Hace un par de semanas recibí una carta del colegio en el que estudié once años. Con motivo del aniversario, 25 años ya, de nuestra promoción, me invitaban a una celebración.

Me encuentro con Francesc en los Ferrocarrils de la Generalitat y, como en los viejos tiempos, subimos hasta el colegio recordando los viajes pasados – muchos – y asombrándonos de lo mucho que ha cambiado el entorno. Lo que antes eran campos, ahora son “little boxes” (como dice la sintonía de Weeds). En el colegio, sin embargo, los cambios son mínimos y la nostalgia se dispara. En la puerta nos encontramos con Ramón y empieza el juego de reconocer la cara del niño en el adulto que ahora te abraza. Tras el primer encuentro llegan muchos más. Reconocer un gesto, una sonrisa, una actitud, es un viaje en el tiempo. Mientras los más valientes juegan un partido de fútbol en el polideportivo que nosotros no llegamos a disfrutar, siguen llegando más y más compañeros de clase. Xavi, Ramón P, Blas, Toni, Jordi, Ramón R, Joan Manuel., Quim, Xavi “Furu”, Óscar, Oriol... y los compañeros del C y del A (siempre tan cerca y, sin embargo, a un universo de distancia). También nos reencontramos con algunos profesores como Ramón que fue nuestro profesor en primero y segundo de EGB, Pep que nos tuteló cuando nos hacíamos mayores y Manuel que nunca nos dio clase pero que siempre intentaba que nos apuntáramos al equipo de baseball que estaba intentando crear.

Paseos por las instalaciones, recuerdos, anécdotas pasadas, buenos y malos recuerdos... también intentamos ponernos al día. 25 años de información variada (estudios, trabajos, bodas, nacimientos, curiosidades...) dan para mucho. El recuerdo a los compañeros que hoy no han podido venir, también.

Tras una comida informal en el comedor (que pequeño se ve ahora) seguimos la tertulia en lo que parece una sala de descanso de los profesores. Nacho, que no ha podido venir, nos envía una carta desde Berlín. Más recuerdos – está vez envueltos con cariño y oficio- nos hacen reír y emocionarnos.

Se hace tarde y, ahora que volvemos a estar juntos, no apetece dejarlo. Seguimos la tertulia en el exterior y, después, en un bar no tan cercano. Durante 25 años no nos hemos visto. Sin embargo, cuatro horas después de nuestro reencuentro, la sensación de pertenencia a este grupo, de normalidad y de comodidad, es reconfortante.

Largas despedidas en la calle y promesas de nuevos encuentros que sabemos que tardarán en llegar (espero que lleguen y que asistan los que esta primera vez no han podido).

Viernes. Cansado. Mañana de trabajo. A mediodía me encuentro con Jordi P en el recinto del Sónar.  Cerveza para celebrar su participación en el libro que ha publicado Dani y primeros conciertos. Vemos a Stendhal Syndrome en el Hall (bien) y un poco de Daisuke Tanabe antes de irnos a comer a un japonés cercano.

Sesión de tarde con Atmosphere (cansinos), oOoOO (me gustan), Katy B (no conseguimos acercarnos, la veré esta noche) y un poquito de aquí y otro poquito de allí.

Cena en casa con María José, Game of Trones (grandioso capítulo) y vuelta al Sónar. Esta vez en mi pueblo y de nuevo con Jordi P.

Noche de contrastes, primero entre los sonidos industriales e hipnóticos de Cyclo y la nostalgia de The Human League.  Después entre el directo arrollador de M.I.A y la propuesta más mainstream – pero igualmente interesante – de la británica Katy B. Queda mucho por delante... pero ya soy mayor y necesito dormir un poco. Mañana más.

1 comentario:

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