12 octubre 2007

DIARIO DE UN OCIOSO
Viernes, 12 de octubre de 2007


Cuando éramos pequeños nos pegábamos unos porrazos increíbles y, pocos minutos después, estábamos como nuevos. A veces bastaba con unas lágrimas para que todo el dolor se disipara, en otras ocasiones un oportuno caramelo hacía la función de bálsamo maravilloso. Las peores caídas tenían como consecuencia unos puntos que, durante unos días, lucíamos con orgullo. Naturalmente, al día siguiente, no teníamos ningún tipo de dolor y el golpe había quedado en el olvido.

Añoro esos días dorados. Mi aterrizaje forzoso del miércoles por la noche – pese a las maravillas de la farmacopea moderna – sigue teniendo consecuencias y varias partes de mi cuerpo se quejan sin parar. Incluso, en una molesta prueba de solidaridad, se han sumado a la reivindicación popular partes del cuerpo que no tuvieron contacto con el suelo. Probaré con el caramelo... pero no creo yo que sea la solución definitiva.

Pese al estado casi comatoso en el que me encuentro, afrontamos la mañana del viernes dando un necesario repaso a Graceland. No es el mejor plan para un día festivo, pero empezaba a ser imprescindible ante la invasión de bolas de pelo perruno que amenazaba con sepultarnos.

2 comentarios:

toni tugues dijo...

Tenemos una edad, hombre! que ya no esta el cuerpo para hacer el ninja, jajaja.

Cuida't molt ;)

xavi dijo...

Si me rio, me duele.
Gracies.